sábado, 15 de mayo de 2010

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Anamórfosis

El ejercicio de mirar sesgadamente
Ciertas imágenes suponen un ángulo específico de nuestra mirada para que la refracción oblicua de los rayos de luz imprima en la retina del observador un rostro enigmático, una forma novedosa, un terror incomprensible. Así es que entidades abstractas o concretas habitan en el sesgo del aire esperando, sin torcer la mueca, a ser rescatadas del letargo por aquél que incurra en el rincón preciso, en el grado angular desde el cual la dimensión etérea se despliega como un libro que esconde maquetas de cartón. Pero estos modelos tienen vida y movimiento, ocupan su porción de tiempo y de espacio relativos, y ejercen su condición de presa ante el ojo sagaz de nuestro desengarabintintangulador predilecto.
Forma de las formas, la anamorfosis es tanto un camuflaje como un mensaje cifrado, y el espectador aguzado es tanto un cazador como un criptólogo que en sus tareas de espionaje descifrará el misterio. Para su asombro, la forma cifrada tiene su forma… y hay alguien que lo mira transversalmente desde otro lado.

Publicada en el número II del Heraldo de Tabarís, May 2009