jueves, 3 de junio de 2010

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Cambiar de llanto

De pronto recordé el esquema del ojo y su equivalente analógico, la cámara fotográfica. Pienso en el efecto de la lente a través del cual los rayos de luz convergen y se invierten al pasar al otro lado. Se imprime una imagen invertida en la retina.
Si alguien supo poner al lenguaje de cabeza, si alguien fue dueño del ojo en cuya lente converge el lenguaje para invertir los polos del mundo, es este poeta flaco y moribundo que nació "un día que Dios estuvo enfermo" y se llamó César.
La imagen repetida una y mil veces en Trilce, el salto por el ojo de la aguja, es este mismo efecto.

Poema para ser leído y cantado
(César Vallejo)

Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.
¿Ignora que la noche está enterrada
con espuelas detrás de la cocina?
Sé que hay una persona compuesta de mis partes,
a la que integro cuando va mi talle
cabalgando en su exacta piedrecilla.
¿Ignora que a su cofre
no volverá moneda que salió con su retrato?
Sé el día,
pero el sol se me ha escapado;
sé el acto universal que hizo en su cama
con ajeno valor y esa agua tibia, cuya
superficial frecuencia es una mina.
¿Tan pequeña es, acaso, esa persona,
que hasta sus propios pies así la pisan?
Un gato es el lindero entre ella y yo,
al lado mismo de su tasa de agua.
La veo en las esquinas, se abre y cierra
su veste, antes palmera interrogante…
¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto?
Pero me busca y busca. ¡Es una historia!