martes, 7 de septiembre de 2010

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A una nariz pegado

Süskind / El Perfume

Una perfecta apología del monstruo (como mostración, señalación y extracto al mismo tiempo) se construye apelando al deseo intrínseco y visceral que nos habita. La obsesión de Grenouille se nos hace genuina y también la anhelamos. El procedimiento de Süskind es exquisito y simple como un buen perfume, ya que todo en el relato huele porque todo en el mundo huele. Y si todo lo que hay en el mundo es efímero y muere, también los olores. Entonces la ansiedad de este monstruo ya no nos parece pecado si lo que busca infatigablemente es la supervivencia del mundo sensible.

2 comentarios:

  1. la sra de los pasillos9 de septiembre de 2010, 15:30

    Me gusta la correspondencia con Cirano (aunque, sabemos, no es cuestión de tamaño sino de función: guiño femenino al texto).
    Cierto que todo es efímero, sin embargo la memoria guarda olores inefables, tanto que Grenouille se nos parece, somos monstruos en busca de aquel olor que no se nos borra.

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  2. no lo pude ver como un monstruo, lo monstruoso es la sociedad que denuncia desde el bebé abandonado entre pezcados muertos hasta la orgía colectiva...
    excelente libro, muy buena micro-reseña.

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