domingo, 5 de diciembre de 2010

,

Lunar

Lo que comenzó como una imperfección de la piel, un lunar o verruga erecta, acabó por brotar primero dedo auxiliar, después miembro indeciso y más tarde tentáculo incipiente. Pensó que podría nadar y se internó en el océano agitando su cuerpo blando para darse impulso. No necesitaba en ese medio más que una gran cabeza ovalada y unos cuantos tentáculos flexibles. 
Nadó por ocho horas. Y llegó finalmente al otro corner de la oficina, en el que acomodó casi 300 biblioratos en orden alfabético, cumpliendo con exactitud la demanda absurda de su jefe.
Al terminar del día, lo asaltó una incertidumbre brutal: ¿Cómo acomodaría sus tentáculos en una cama?