martes, 4 de enero de 2011

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Paradoja

No seremos tan necios de pensar que el tiempo solo existe para el que monta un Delorean. Para la subjetividad de Marty, sus padres se transformaron, mágicamente en una exitosa pareja, gracias a su aporte de ochentoso cool. Pero nadie se pregunta qué fue de esos pobres mediocres y aburridos que conocimos al principio de la película. Pues bien, a ellos se los comió una ola blanca, un tzunami que venía remontando desde 30 años atrás, pulverizando todo lo que habían tocado el viajero del tiempo y su traje antiradiación. Sucede la implosión primero y la explosión después, retuerce metales y cristales, degrada las partículas y alterna protones con neutrones y electrones. Y después de ese tormentoso enroque existencial, queda el desencorvado George que porta su raqueta de tennis y pellizca el culo dulce de Lorraine.
Nada de angustia. Nadie llora a los verdaderos padres muertos.



Back to the future, Robert Zemeckis, 1985
Contrato Coloriuris