martes, 11 de enero de 2011

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Usura

Sólo eso faltaba. Que hasta el último hálito del espacio racionado haya sido fumado con sus finas (in God) y verdes (We trust) hebras incinerándose en el hornillo de su pipa. Pateó el canasto de los residuos y los bollos de papel se escandalizaron sobre la alfombra sucia y poblada de ácaros y diminutos arácnidos dorados. Hizo un garabato sobre los papeles y ya estaba hecho. Ya no tenía nada. Nada de nada. Y se asomó al balcón para observar desde la altura. Si cayera desde aquí a lo sumo me rompería una pierna; con suerte caería de cabeza y una fractura de cara me hundiría todas las muecas en el cerebro, aplastando toda idea de vida en la que me obstinase. O si la suerte se presenta más decididamente aún en mi contra, me quebraré la columna y engrosaré las filas de los paralíticos que venden esas boletas de lotería que no tienen sabor a tabaco.
No había más muebles en esa pieza de alquiler, salvo el tacho y un revistero viejo. Aunque el baño estaba casi completo. En ese mismo espejo, me recorté la barba enrulada con una tijera sin filo. Cepillé mis dientes y practiqué la sonrisa con la que recibiré al señor Arce. Mi usurero de cabecera. Quien manchará de sangre mis labios y mis dientes recién lavados, brillantes como el inaccesible marfil del África. Fue un cazador en su sueño, pisando deliberadamente con sus botas de cocodrilo sobre las malezas en las cuales un rastro de olifante olía a bosta. Lo veré limpiarse en la alfombra su porción de buena suerte, frescamente pisada en la madrugada, y me mirará con el ojo con el que miró a su presa antes de arrancarle los dientes.
Observo la mancha de sangre sobre la alfombra. Allí mismo cayó de rodillas la bestia azulada cegada por el sol refractado en la persiana americana. Siglos de evolución enrulada en los pliegues de su inmensa piel, que alcanzaría para cubrir diez chozas de pigmeos. Ahora se doblan y arrugan, se fruncen y cejan, dispuestas al fracaso. Debo agradecer a todo este equipo que hizo un gran esfuerzo por esta empresa y su sacrificio es la base de este merecido reconocimiento. A ustedes, con mi corazón, este honor que se me otorga en representación de todo el grupo.
Antes de retirarse, Arce y su galgo dejaron junto al tacho, al alcance de mi vista obstruida temporalmente por una inflamación, mi pipa de raíz de cerezo, en consignación hasta su próxima visita.

Contrato Coloriuris

2 comentarios:

  1. la señora de los pasillos12 de enero de 2011, 4:42

    Excelente! Arce se stá convirtiendo en el mismísimo Conde del nuevo siglo, si es que el siglo influye en sus gruesas y fluctuantes caparazones.

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  2. Su embrujo es más poderoso. De entrada todos creemos que le debemos plata de otra vida.

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