miércoles, 20 de abril de 2011

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Legado de Gabriel Rondau

Todos coincidían en que Gabriel Rondau había sido un escritor de grandes novelas. Grandes, seguramente, no por la relevancia que hayan tenido, sino por el tamaño de su letra manuscrita, que llegaba a ocupar por momentos hasta tres renglones. Páginas y páginas se apilaban en cajas en su sótano. Cuando los peritos ingresaron a hacer su pesquisa de pistas, se toparon con una veintena de cajas con al menos veinte novelas cada una, escritas en cuadernos Rivadavia. Se le atribuyen no menos de cuatrocientas novelas manuscritas, ninguna fue editada. El jefe del operativo se ocupó de leer dos de los cuadernos que tenía más a mano. Como los dos manuscritos contaban la historia de un escritor suicida, concluyó que todos hablaban de lo mismo y, por fuerza estadística, en los relevamientos del peritaje se lee que el autor fraguó su propio suicidio al menos cuatrocientas veces.
Dicen, los vecinos por ejemplo, que durante los últimos trece meses lo escucharon gritar todas las noches, fingiendo o perpetrando sus múltiples muertes.
Acerca del cuerpo de Gabriel Rondau puede leerse en el informe forense que se hallaron cenizas dentro del horno de barro y que eso consistiría los restos del autor.
El mundo lo olvidará pronto, sin duda. Sus obras descansan hoy –y para la posteridad- en el sótano del perito José Luis Borgo donde ayudan a unos pocos ladrillos a sostener una improvisada estantería sobre la que el perito colecciona frascos con objetos robados de las escenas del crimen.

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