sábado, 2 de julio de 2011

Y gran elenco

Muchas editoriales suelen incluir en sus libros un extracto del catálogo. Por lo general, bajo el título de "Otras obras de la colección" o barbaridades semejantes. Se impone como recurso comercial, como anzuelo al final de la carnada. Sin embargo, una vez pasado de moda el catálogo, lo que queda es un sumario de perfectos desconocidos que poco o nada guardan en común con la obra que uno acaba de leer. Es ahí donde me pregunto si sería posible hacer justicia eligiendo mejor las obras que integren esa nómina, si sería viable adornar la contratapa del ejemplar con una buena red de intertextos, un cuadro genealógico, un rizoma literario.
Quedará el objeto libro, como le llaman, con ese feo decorado que mezcla nombres contemporáneos como si les hiciera un favor al mostrarlos todos juntos. Pasarán las décadas y el siglo, y esos nombres habrán permanecido involuntariamente desposados.