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No ser eso: Fairy Tale

Donleavy / Cuento de hadas en Nueva York

Tal vez también soy narrador de este cuento desde el que otro narrador me habla de un tal Cornelius Christian y de sí mismo como si constituyesen un único relato. Así escribe Donleavy, alternando primera y tercera persona, y lo que consigue (para espanto de académicos y talleres literarios) una prosa más que fluida, en la que soy invitado a perderme lector, a confundirme hasta sexualmente entre estos personajes acidulantes y americanos. Cornelius se pasea entre paisajes de lo más infrecuentes con total naturalidad. Infrecuentes para cualquier lector que no sea neoyorquino, boxeador amateur, irlandés y/o maquillador de muertos. Y el autor consigue desencriptar ese mundo con una fórmula sencilla aunque no rudimentaria: “nada importa demasiado”. Ni yo que soy narrado y narrativo, ni él que es relato y relativo.

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Humor Vítreo

Cataratas en los ojos. Otro signo inequívoco de nuestra condición espacial y geográfica. Supone un deslumbramiento, una pérdida de transparencia y un barrido de las tonalidades hacia el color amarillo. Al mismo tiempo, denota caudales y desniveles. 
Mirar es hacer entrar luz por los agujeros más altos de la cara. Volverse recipiente, como siempre, de todo lo que puedan ingerir esas esferas adheridas a un manojo de nervios.  Pero un accidente geográfico, un desnivel territorial, ha producido en mí un humor caudaloso. Cae formando esta cortina que protege la caverna que la misma erosión cavó en mi cráneo. Y ahí me refugio de las luces exteriores, del borde de las cosas, de la nitidez exacerbada. Recurro al borramiento, al impresionismo, me pongo bizco y estoy a salvo de lo otro.
Aunque a veces (muchas veces) quisiera comprobar que existen delgadas líneas negras bordeando la geometría de las cosas, como en un dibujo animado. Por momentos necesito trazos gruesos, como la piel de Vilma Pi…

Muela de juicio

Es un arcaísmo, como toda legislatura, pero se le dice así al tercer molar. Y esto es porque la muela, como el juicio, emerge al promediar la adolescencia. Frente al juicio flamante, al entendimiento de estreno, las autoridades recomiendan su extracción en la mayoría de los casos.  Se quita lo que duele, lo que no encaja, lo que viene torcido, lo que llega tarde y así nos conformamos con dos molares por cuadrante hasta que las caries logren agenciárselos definitivamente.  Pero ahí donde el discernimiento joven había erupcionado oblicuamente, ahora hay un hueco. Y como en todo agujero, ahí habita un fantasma. Intento chupar su ectoplasma con la parte más incómoda de mi lengua, con la más inmóvil, con la más escasa de papilas gustativas, sólo por la nostalgia de una sensatez perdida.

Nunca sabrás del todo

No tener ni la más mínima certeza es, quizás, la fuerza motora del multiverso. Lo que no se sabe, se inventa, se imagina, se esculpe y se pone en marcha eso que seguramente produjo disparates tales como los microorganismos unicelulares o los Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Cuesta adentrarse, la inseguridad es territorio salvaje. Cuesta despojarse de decilitros de información pegajosa, de singularidades densas. Aunque basta con cerrar y abrir los ojos, lavarse bien las orejas y atender la música, esa incertidumbre plena de goce.

VIGESIMA PRIMERA PALABRA
J. C. Bustriazo Ortiz (2008) / Rojo Estambul (música)

Cómo será la cola de una bruja?
Azafranada, viola, miel, canela,
color durazna, de damasca prieta,
poema escarlata, ciclamor de luna?
Color de espiga, leche, tuna, hoguera,
o de ostra de oro, de sirena intensa?
Cómo será la Cola de la Bruja?
Yo me pregunto, pobre Juanca.
Nunca sabrás del todo porque te es tiniebla!