jueves, 11 de agosto de 2011

,

La simetría perdida

Dejar de ser árbol y raíz. De eso se trata, deformarse hasta hacer rizoma con el fondo. Como el monstruo-alfombra que habló José Watanabe y que, no por casualidad, se llama lenguado, camuflándose de idioma el nombre. Como en esta todavía tibia canción de Acorazado Potemkin.


Desert (escuchar)
Juan Pablo Fernández (2011)

Soy
lo gris contra lo gris, mi vida
José Watanabe


Andá decile al Indio que acá no va a encontrar
azúcar para su pursang
Acá no hay más pedal,
no hay nada más
que un mail que explica el amor a los cactus
y el reloj, siempre corriendo

Pero viste cómo es acá, igual, nunca falta nada
ni se cae, ni pasa, ni queda, ni sobra nada.
No hay un sobre que le escapa
al doberman que grita:
"No hay más nosotros"
y yo: siempre en la puerta...

Sueño el mismo sueño, vos sabés.
Que nos explota en las manos.

Una noche prendí fuerte la televisión
así nadie preguntaba nada.
Y la pantalla atrajo mil insectos voladores,
de todas clases y se armó un pequeño caos
y alguien escribió
que eso era una rebelión
lo publicó y luego me premió
y ahora beca me regala
el doberman que dice:
"no hay más nosotros"
y yo: siempre en la puerta

Sueño el mismo sueño, vos sabés.
Que nos explota en las manos.

En los mismos gustos, en la misma mueca,
tal vez sobre la intima, deliciosa y exquisita calidez
de nuestra comunidad y sus justos gestos, ya ves,
el desierto de cenizas que da molde a la paz
yo que nunca tuve paz, me envuelvo en esa paz,
lo gris contra lo gris, soy, loo gris contra lo gris

Sueño el mismo sueño, vos sabés.
Que nos explota en las manos.