martes, 23 de agosto de 2011

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Mecánica del bucle

El aire epigráfico de los versos que pone JP Donleavy al final de cada uno de sus capítulos es uno de los elementos que funcionan mejor en su narrativa rizada. Son bucles reflexivos que obligan a volver sobre el texto, como lo haría una rampa de ciento ochenta grados que nos devolviera de un salto a recorrer la misma pista pero de cabeza.
Pero no creo que este efecto se logre con cualquier frase contundente y condensada, con ningún broche de oro. Hay un préstamo con cierta irreverencia, una perfecta canallada literaria, que es el verso inserto en la prosa, pero ya no como discurso referido (que es como solemos ver presente a la poesía en una novela cualquiera) sino como paratexto. Puesto ahí, después de la última inelegancia o la última línea recta, el verso aparece para desordenarlo todo y enriquecer el contenido porque se trata de otro prisma, de otra lente, de otro filtro.

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