martes, 27 de septiembre de 2011

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Mise en abîme

A la señora de los pasillos

Criatura inconveniente como pocas, un cetáceo no es la clase de pez que uno tendría en la pecera. Un teriólogo ofendido objetaría ahora que la ballena no es un pez, y la discusión se tornaría más álgida al entrar en el tema odontológico. Sin embargo, parecería cuestión de embarcarse en el acomodaticio oleaje de la metáfora, para descubrir que tal vez ni siquiera se trate de una criatura. Se destaca, eso sí, su tamaño y por ende su relativa importancia. En cuanto a su capacidad oniromántica, queda totalmente refutada y fuera del temario: el lenguaje es una máscara cóncava.

Soñé (escuchar)
Jesusa Rodriguez / Liliana Felipe (2002)


Soñé que se me caían los dientes soñé
que mis dientes enormes como submarinos
se iban al fondo del mar.
Soñé que los peces que duermen aquí entre mis dientes
soñaban que eran mis dientes y que se caían
y siempre soñando soñé que entre sueños
soñaba que se me caían los sueños soñé.
Ustedes comprenden soy una ballena que sueña
y no tengo dientes soy una ballena.
Aunque una ballena sin sueños
sería más triste que una ballena vacía.
Nadé por mares resecos sin sueños
nadé por deseos desiertos, enormes, inciertos,
de besos sin labios nadé.
Nadé por nadar. Y nada que nada nadaba al nadar,
nadaba de lado y no te encontraba
cantaba y cantaba y nada que nada.
nadaba y cantaba y nada de nada.
Ustedes comprenden que una ballena sin nada
es mucho más triste que una ballena que nada.
y si una ballena no nada
se pone más triste que una ballena varada.

Desperté y estaba el agua tan bonita y pensé:
que bueno que soy ballena y no un japonés ojete mata ballenas
o un gobierno que se hace de la vista gorda como si fuéramos tan chiquitas.
Ora sí que con la pena: pero qué bueno que soy ballena!!