martes, 13 de septiembre de 2011

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Otro vaso de bazofia

Toole / La conjura de los necios

El mamarracho impone una especie de incomodidad productiva. El artista esperpéntico parece haberse atrofiado en esa forma de mirar. Mayormente es fingido, pero aterra su ojo prismático como si se tratara de una anamórfosis monstruosa. Lo que hay de expresionista en el grotesco es ese abovedamiento, la caricatura que ejerce su poder despectivo y, a través de él, como Ignatius Reilly sospecha, invierte la propia conspiración logrando que todo parezca obstinado en torcerme a mí, en quebrantar mi geometría y mi teología. Me provoca una tortícolis contagiosa, una mueca a mitad de camino entre la risa y el estornudo. Caballero mongoloide, ha escrito usted (sin cuidado) una auténtica distonía.