jueves, 10 de noviembre de 2011

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Bebe el sol que huele a duende

Algunas confusiones folklóricas hacen nacer mitos híbridos. Eso que la literatura oral tiene de inobjetable, los nombres de los héroes, la pinta de los monstruos. En este caso un gran sombrero amarillo, como lo describen relatos guaraníes. Pero desde cuándo está este monstruo del verano y la siesta! Su sustancia no es comparable a la del duende celta, nórdico, ario que se propuso ser todos los duendes. Es más parecido al sátiro de la mitología griega. Sin embargo, a mí se me hace un vampiro invertido: su territorio es al pleno rayo del sol y su trabajo implica no la muerte sino la gestación de una vida no deseada. 

María Va
Antonio Tarragó Ros (1977)

Mirar rasgado, patitas chuecas, María va,
pisando penas, la arena ardiente, María va,
calcina el monte un sol de fuego, María va,
temor Pombero, palmar estero, María va.

Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad,
de trigo y luna y de su mano María va,
por el tabacal, tu paso, María va,
y se bebe el sol que huele a duende, María va.

Andando el verano de sol y chicharra,
a flores del monte, María, olía tu pueblo
un tren perezoso, resuello y resuello
a calle regada, María, olía tu pueblo
a pura inocencia de niño pueblero,
a calle regada, a flores del monte, María, olía tu pueblo.