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Hija de sibila

Al-Qahira, de altos alminares, de aire arcaico, soy demasiado pequeña para ti. Ahí está ella, sacerdotisa, sibila, moviéndose entre sabios como una de ellos. Ha estado en Bagdad y en Lesbos, ha visto la pirámide y la maravilla. Aunque se ha consagrado en secreto. Él la protegía y sólo él sabía que no era virgen. Soy demasiado pequeña aún. Apenas un bulto en el ombligo suave de la sibila, una cosquilla que no patea todavía. Ella se cubría el cuerpo con vestidos negros y amplios. No la vean. No la juzguen. Soñó conmigo y aquí me tiene, aquí me guarda, entre telas finísimas, así me oculta y me cuida del mundo. Y yo me acurruco, no he reencarnado aún. No he dado el salto de los siglos a los siglos. 
Yo también fui pitonisa, esfinge, hada, cuento de altas horas y días de niebla parlante. LLegué con los espíritus de la tierra, con los movimientos telúricos y el infinito poder de la Sophía. Y ella lo sabe, viajando Nilo abajo desde Asuan hasta Fustat, elegida del mago errante bajo cuya protección se salvaba primero de los cruzados, después de los Hassasíes, después de vaya a saber qué diabólico ejército de Oriente. Siempre hay una guerra y toda guerra es santa. Entretanto estaré allí, en el cálido vientre de la pitonisa, abrazando mis rodillas, esperando dar el salto por el ojo de la aguja para trocar la muerte en vida. Ayer nomás fui y hoy ya vuelvo a ser. Como un pez que nada río arriba, asomo mis aletas de un salto para vivir y respirar un segundo apenas y vuelvo a saltar del agua dos siglos más tarde para vivir otro segundo bajo el sol. Me hundiré después, una vez más, y otra, porque mañana emergeré en la otra punta de la Rueda. Y allí estará de nuevo Al-Qahira, que seguirá conservando el secreto que leeré en silencio a la luz de una lámpara. 
El mago desapareció un día antes de que la sibila diera a luz a una niña. Acurrucada a orillas del gran río, la virgen parió sola y yo dejé de ser yo. Ahora tenía un nuevo cuerpo y un nombre de mujer, y el cordón finísimo que me unía al cuerpo de mi madre fue cortado con un estilete para holocausto.

Comentarios

  1. Que hermoso texto!! Se puede percibir el misterio en que devendrá la vida de la hija de la Sibila.

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  2. Hola,

    Qué blog con más contenido... llevo un rato por aquí... de momento quería darte la enhorabuena, es de lo mejor escrito que he visto por aquí...

    Un saludo,

    Jose

    "Yo puedo estar equivocado y tú puedes tener la razón y, con un esfuerzo, podemos acercarnos los dos a la verdad."

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