jueves, 26 de enero de 2012

,

Pero en todas ellas ha de fallar

Interesado en conocer a su mejor cliente a fin de ofrecerle participar como pequeño accionista de ACME, el vendedor telefónico viajó al desierto a encontrarse con el Coyote. No sin esfuerzo y valiéndose de una mímica realmente ilustrada, el famélico canino expuso ante el capitalista que su propósito era ante todo alimenticio. El vendedor le propuso entonces instalar un local de hamburguesas ACME frente a su cueva, a lo que el Coyote se rehusó y pidió permiso para entrar en el depósito para buscar un obsequio. Salió unos minutos más tarde con un revólver y le puso tres tiros en la frente al vendedor. Luego puso el cuerpo en una caja con una estampilla y antes de mandarlo por correo al remitente escribió "Antes la inanición que la transculturación" en algún dialecto Quechua.


Wile E. Coyote and the Road Runner, Chuck Jones, 1949