miércoles, 4 de abril de 2012

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Bastardilla transdimensional

Calificar a la criptozoología como la ciencia con menos margen de error no sería más desopilante que decir que es la ciencia del equívoco. Incluso uno puede llegar a enunciar ambas aseveraciones sin contradecirse. Se trata, entonces, de una forma de ver. Lo cual la diferencia de las demás ciencias. No tiene sentido entrar en dicotomías como razón y fantasía, o cartesianismo y spielbergismo. Mejor todavía, entender que la concepción de universos ocultos y animales fantásticos supone casi la supresión de la duda en una lógica simple de formular: si hay lugar a dudas, hay lugar. Cosa que contrasta con la otra fórmula conocida: no hay lugar a dudas de lo que hay
Según esta ciencia que cada día me sorprende más, existe un insecto interdimensional, que solo puede ser visto cuando está en plena metamorfosis y es capturado por una fotografía. Le llaman Rod y es similar a una vara con aletas como tirabuzón y suele aparecerse blanco y brillante saltando de un fotograma a otro. Otras ciencias menos interesantes describen estos fenómenos como ilusiones ópticas o errores de observación. Pero acaso también definen el celeste del cielo como una ilusión óptica, y si eso fuera así, ¿qué nos queda? Literatura. Es todo lo que está alrededor y adentro de estas formas de mirar el mundo. Los que somos militantes de la mirada oblicua participamos al mismo tiempo de la óptica y la criptozoología sin que se nos caigan los anillos. Y buscamos por donde sea, incansables, esos errores o insectos para estudiarlos, no porque nos interese su organismo, sus intestinos fantásticos o su exoesqueleto holográfico, tampoco porque nos guste comprobar qué tanto de falso hay en el mundo que miramos y lo que entendemos de él, sino porque nos provocan, nos cruzan diagonales, nos ponen ovalados, moebianos, rizomáticos, y disparan relatos de toda clase. 
Como pudo escuchársele a Unamuno, todo texto literario debería estar en bastardillas para que el lector se entere de que ahí hay una intención, hay un guiño y sentidos múltiples. Por qué no creer entonces que toda apreciación, por equivocada que parezca, es un posible raro animal, una puerta interdimensional, un otro-yo oculto.