martes, 1 de octubre de 2013

Angina de pecho

Un padre hipertenso engendra un hijo hipertenso. Algo coherente con el narcisismo hereditario. No es cuestión de genética, esa ciencia de lo inevitable que traza árboles familiares para cada patología. 
Sospecho que es en la falibilidad de la ciencia donde habita lo posible. Ahí donde intenso e intencionado suenan igual. Donde híper es más que súper y el sentido gira en torno a la rigidez.

Pero no todo está perdido. Poner al lenguaje a desactivar dispositivos es un acto de desobediencia genética, a la vez que sugiere un ejercicio de libertad plena. 

Condicionado a aparentar una erección perpetua, adopto un camino huérfano, el de la languidez. Me vuelvo permeable, esponja, lengua, y la sangre corre. 

El(h)ijo no morir en un ataque de hipo, ni de inflexibilidad.
Que mi muerte ocurra en un fluir apacible, dejándote correr adonde se te antoje.