jueves, 9 de enero de 2014

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La casa de puertas impares

Siempre pensé que el concepto de piedra papel o tijera era una de las cosas más asombrosas que haya sido capaz de idear la mente humana. Se entiende que la tijera corta el papel que envuelve la piedra que rompe la tijera. Las acciones básicas a las que reduce la existencia éste juego infantil , aunque no ingenuo, son: cortar- envolver- romper. Pecando de ilustrativos, podríamos canjearlo fácilmente por: dividir- contener-destruir. Y así entregarnos a la loca carrera hacia el delirio, que nos hace ver en esto el ciclo mismo de la vida: penetrar, albergar, arruinar. 
Sin embargo, cuando quise adaptar el juego a los estados de la materia tuve una alucinación de lo más metafísica (valga infinitas veces la redundancia). La nieve se vuelve agua, que se vuelve vapor, que se congela y nieva. 
Al comprimirse un gas, éste se enfría. Al enfriarse el agua, ésta se expande. Hay algo de rueda en ese triángulo. Por lo tanto, una leve aunque engañosa sospecha de reversibilidad. 
 Me encontré frente al espejo del baño ensayando la competencia rebautizada. El puño cerrado representa la solidez (piedra-hielo), la mano abierta es la fluidez (papel-agua), los dedos en V simbolizan la volatilidad (tijeras-vapor). Ahí, mi mano en un 60 por ciento cerrada, mira a la melliza del espejo, que está abierta en un 40 por ciento, y se contradicen la una a la otra. Mi mano cree gobernar metales, ser espadas cruzadas, pija que se abre camino. Pero la otra dice ser la fuerza volátil, la expansión extrema y la levedad. No hay equilibrio, como no hay mitad del vaso. 40-60 sigue sin ser negocio para nadie. Tal vez porque no sabemos si queremos tener la mano abierta o cerrada del todo, o porque es imposible cerrar a medias una casa que tiene cinco puertas. 
Tanteo mi capacidad de sorpresa. –¡Piedra, papel o tijera! –Digo pensando en nieve, agua y nubes. Y cada vez que suelto el gesto con la mano, mi réplica en el espejo me contesta con el mismo signo. Es obvio, ya sé. Debería probar con otra persona. Pero vos estás muy lejos de mí ahora. Yo soy piedra pesada al pie de la montaña. Y vos, humo negro que se eleva rápidamente a un precipicio vertical. Un río de magma hirviente envuelve mis pies y me trae tu olor, indistinguible del perfume de los volcanes.