miércoles, 28 de septiembre de 2016

Antimetáfora Gastronómica #1

#1. Qué té querés.


Cuando el abanico de infusiones adecuadas para un momento determinado se ramifica en exceso, se vuelve necesario un tipo de cálculo cuya fórmula está al alcance de muy pocos. Elegir té supone un algoritmo prácticamente incomputable. Lo más fácil, por lo general, es elegir un té común. Responde a parámetros medianamente estandarizados. Pero quien quiera ensayar la perfección (que no es sino una experiencia) debe considerar una cantidad inagotable de variables, entre las cuales podemos suponer:


  • Las cualidades de la comida que se está digiriendo en ese preciso momento.
  • La textura del saquito al presionarlo con la cuchara.
  • La composición mineral u origen del agua.
  • La hora y la distancia del sueño.
  • La disposición astronómica.
  • El principio de sinestesia.
  • La compañía humana.

Es esperable, entonces, que pienses tanto después de una pregunta tan sencilla.